Geografía

Una librería ducal en la universidad: la Biblioteca de Osuna en la Universidad de Sevilla

Theatro de la tierra vniversal

El Theatro de la tierra universal de Abraham Ortelio, en su edición española de 1588, es una de las obras capitales de la historia de la cartografía y del libro ilustrado del Renacimiento. Considerado el primer atlas moderno, el Theatrum Orbis Terrarum concibe el mundo como un “teatro”, ofreciendo una representación ordenada, homogénea y visualmente coherente del saber geográfico de finales del siglo XVI.

El párrafo anterior se puede acompañar de imágenes diverses, como por ejemplo la portada, aunque más adelante la vamos a explicar en detalle.

Ortelius recopiló y actualizó las mejores fuentes cartográficas de su tiempo, integrándolas en un conjunto de mapas de igual formato, acompañados de textos descriptivos redactados por él mismo. Esta combinación de imagen y palabra facilitaba la comprensión del territorio, sus habitantes y sus riquezas, respondiendo a la creciente curiosidad geográfica de la Europa moderna. El éxito de la obra fue extraordinario, como prueban sus numerosas ediciones y traducciones a lo largo de más de cuatro décadas.

La edición castellana de 1588, financiada por el impresor Cristóbal Plantino, fue concebida para la corte española y dedicada al príncipe heredero. Consta de cien mapas y supone un hito para la cultura visual hispana, al contribuir decisivamente a la difusión de imágenes cartográficas de la Península Ibérica y de sus territorios. Su elevado coste la convirtió en uno de los libros más caros del siglo XVI, reservado a una élite culta y poderosa.

Más allá de su valor científico, el Theatro es también un objeto ideológico y artístico: su frontispicio alegórico y sus descripciones transmiten una visión eurocéntrica del mundo y celebran la expansión, el comercio y el prestigio cultural de Europa.

Sobre el frontispicio

El frontispicio del Theatro de la Tierra Universal de Abraham Ortelio presenta un elaborado pórtico arquitectónico en cuya hornancina central figura el título en castellano y en la base el nombre de su editor, lugar y año. La composición, concebida como una imagen emblemática del saber geográfico, utiliza figuras femeninas alegóricas para representar los distintos continentes y sugerir el contenido del atlas. Este recurso visual, inspirado en el lenguaje simbólico de la cultura clásica, tenía también una función ornamental y comercial: atraer al lector mediante una imagen sugestiva. El diseño —posiblemente esbozado por el propio Ortelio y terminado por artistas como Frans Hogenberg— resultó tan influyente que otros creadores de atlas, como De Jode, Mercator, Hondius o Blaeu, adoptaron posteriormente frontispicios artísticos similares para sus obras.

Atlas Mayor sino Cosmographia Blaviana, en la qual exactamente se descrive la tierra, el mar y el cielo

El Atlas Mayor, sino Cosmographia Blaviana, en la qual exactamente se descrive la tierra, el mar y el cielo (Ámsterdam, Juan Blaeu, 1659–1672) representa la culminación de la cartografía europea del siglo XVII y uno de los libros más lujosos jamás producidos en este ámbito. Concebido por Willem Janszoon Blaeu y llevado a su máxima expresión por su hijo Joan Blaeu. El Atlas Maior reunió en su versión completa doce volúmenes y cerca de seiscientos mapas grabados a doble página, ricamente coloreados y acompañados de textos descriptivos.

Retrato de Joan Blaeu (Wikipedia)

La edición castellana, excepcionalmente rara, fue dedicada a Felipe IV y destinada a bibliotecas regias y nobiliarias. Gran parte de su tirada y de las planchas originales se perdierin en el incendio de los talleres de Blaeu en 1672, lo que explica la extrema rareza de los ejemplares conservados. Su presencia en la biblioteca de la Casa de Osuna confirma el alto nivel cultural y el interés estratégico de la nobleza española por la geografía, la política territorial y la representación del poder.

Los mapas combinan una extraordinaria precisión técnica con una elaborada dimensión artística: cartelas monumentales, rosas de los vientos, alegorías mitológicas, escudos heráldicos, escenas navales y vistas urbanas convierten cada hoja en una obra de arte. El volumen dedicado a España es especialmente notable, con mapas regionales de gran riqueza decorativa y amplias vistas del monasterio de El Escorial, símbolo del poder de la monarquía hispánica.

Más que un simple atlas, la Geographia Blaviana fue un objeto de prestigio y propaganda cultural. Su influencia se prolongó durante todo el siglo XVIII, sirviendo de modelo a cartógrafos europeos y consolidando el atlas como emblema del saber universal y del dominio visual del mundo.

MAPA DE CERDEÑA

Mapa de Cerdeña. Las alusiones a la historia mítica de los diferentes lugares son frecuentes en todos los mapas.

A título de ejemplo en el mapa de Cerdeña, una deidad marina surge de las aguas portando la vara con la escala.

En el extremo opuesto otra divinidad -Ceres- sostiene el escudo de la isla, la cruz de San Jorge con cuatro cabezas de moros y se apoya sobre un pie aludiendo al nombre de Ichnusa que le habían dado los griegos, o sandaliotes, por recordar la forma de la isla la de una pisada o una sandalia.

Existen al menos dos teorías respecto a los orígenes del nombre de la isla. La primera de ellas, más cercana al mito, señala que el primer nombre fue Ichnusa, un apelativo de raíz griega que significa ‘huella de pie’. Este término hace referencia a la forma de la isla. Posteriormente el nombre cambió a Sardón, palabra también de origen griego, que puede traducirse como ‘sandalia’, lo que confirmaría la explicación.

Según una segunda teoría, más probable, el nombre se habría originado a partir de un jefe de África del norte (en la actual Libia) llamado Sardus, presunto hijo de Hércules que estableció una colonia en el sur de Cerdeña. Sardus fue venerado, a tal punto que se levantaron estatuas en su honor en la isla, con la inscripción «Sardus Pater».

Tal estatua se encontraba en El Templo de Antas es un antiguo templo romano-cartaginés en la comuna de Fluminimaggiore, en el sur de Cerdeña (Italia). Se encuentra en una zona colonizada por los cartagineses y después por los romanos, atraídos por sus depósitos de hierro y plomo.

Es probable que una estatua del Sardus Pater se alojara en la naos. De acuerdo con el tamaño del único resto encontrado, un dedo, se ha estimado que la estatua tenía unos 3 metros de altura.

En cuanto al origen del emblema de los “Cuatro Moros”, según las interpretaciones legendarias de su origen surgidas en el siglo XIV, fue asociado a la Batalla de Alcoraz (1096), que lo vinculaban a la intervención milagrosa de San Jorge en la conquista cristiana de Huesca. La tradición perpetuó esta interpretación y acabó dando nombre a estas armas, conocidas en heráldica como Cruz de Alcoraz. En las representaciones aragonesas aparecen variantes a lo largo de la Edad Media y Moderna, como la disposición a siniestra de las cabezas primera y tercera (enfrentándolas simétricamente a las segunda y cuarta) o convertir a los adalides moros en reyes, añadiendo respectivas coronas abiertas.

Este blasón fue utilizado a partir de mediados del siglo XV como uno de los escudos del Reino de Aragón y fue asumido como enseña territorial de Cerdeña a fines del siglo XV cuando la isla formaba parte de la Corona de Aragón.